Casa por casa: el duro trabajo de vacunación covid de los ataps en San Carlos

Ataps difunden beneficios de la vacuna en las áreas rurales para motivar la inmunización.

  • Los ataps Fredy Ramírez y Blanca Arroyo en recorrido por el barrio Dulce Nombre de Cuidad Quesada. En la foto frente a la cada de doña Paula Rocha, quien recibió la vacuna, y su hijo Leytan. 

  • El atap Jeikol Solano Vasquez aplica la vacuna a Lobxan Zúñiga Díaz de 20 años en el vacunatorio del Area de Salud La Fortuna.

En las últimas semanas la oferta de vacunación en San Carlos incluye la estrategia de los barridos, que son visitas casa por casa por parte de los técnicos de atención primaria, quienes hablan con cada vecino sobre los beneficios de las vacunas y los motivan a la inmunización.  



Esas comunidades están conformadas por población dispersa, dedicada a la agricultura, con dificultades para la movilización hasta los establecimientos de salud donde está el puesto de vacunación y donde la desinformación ha creado una respuesta tardía al llamado a inmunizarse de las autoridades.  

Los equipos de salud en San Carlos (la región Huetar Norte) se organizaron fuerte desde lo tradicional, con vacunatorios en los centros de salud donde fluyen muy bien separados los sanos de los enfermos, con ampliación de horarios especiales y también con ideas novedosas, como el “autovac”, en el cual la persona puede vacunarse sin bajarse del auto. 



Sin embargo, las autoridades quieren avanzar en el ritmo de vacunación sobre las comunidades porque se sabe que el ritmo de contagio es alto, tanto es así que los hospitales en la zona trabajan a ocupación plena e incluso han debido hacer traslados masivos de pacientes (141 traslados en los últimos 20 días) para poder sostener la avalancha de casos con necesidad de atención especializada por crisis respiratorias.  



Según el director regional Randall Chavarría Flores se han realizado 40 barridos semanales, como lo llaman los ataps, lo cual significa tomar una zona y recorrerlo de principio a fin, ofreciendo en cada casa la vacuna y explicando, si fuera necesario, las ventajas y seguridad de la vacuna.  



En total, en las últimas semanas se han aplicado 16 mil dosis en esta modalidad, un avance significativo en la meta de inmunización de grupo en la zona, sobre todo en momentos de alta transmisión del virus.  



La técnica de barrido, para hacerla más rápida, separa al grupo en dos, cada uno en un extremo de la comunidad unida por una calle lastreada, y avanzan hasta encontrarse. Esto permite avanzar en mejores condiciones de clima por la mañana y acabar las vacunas en el tiempo justo antes de regresar a base.  



El proceso ha tenido éxito porque el atap es un líder de salud de confianza en la comunidad y puede colocar el mensaje en la comunidad con un lenguaje sencillo y creíble, afirma el doctor Chavarría, quien señala que todas las vacunas que ingresan a la zona se han puesto y el avance es progresivo y sostenido. 



Trabajo hormiga, pero de gran éxito 



Son tan distantes unas casas de otras que es posible que en una hora visiten cinco y pongan menos de diez dosis, pero el esfuerzo da sus frutos, porque donde los números antes mostraban cero vacunas ahora van subiendo y se sabe que cada vacuna puesta alienta a otros del pueblo a ponérsela.  



Los ataps salen del ebáis en cuadriciclos con la hielera cargadas de vacunas al frente. Tienen seis horas para ponerlas todas sin desperdiciar ni una. Pasan a toda marcha por el tejido de la ciudad y se enrumban hacia la zona del barrido. Después de calle asfalta llegan a la de lastre y siguen metiéndose en las entrañas de comunidad, en las fincas donde los vecinos trabajan y tienen su vivienda.  



“Nosotros sabemos que cada vacuna puesta es alejar a la persona del hospital, de cuidados intensivos o de la muerte” por eso vamos con gusto a hablar con ellos, para explicarles la importancia de la vacunación y que, antes de diciembre, la mayoría estén vacunados” afirma Freddy Ramírez, uno de los ataps en la zona. 



Siguen el protocolo de aplicación de la vacuna con todo rigor y anotan en la tableta los datos sin perder un solo registro. Son amenos y conversan, aunque suficientemente cortantes como para emprender lo antes posible la siguiente visita.  



Como el territorio es amplio mientras unos ataps están en los vacunatorios otros van a los barrios, explicándole a quien los reciben porqué es otra persona la que hace la gestión de vacunación. San Carlos también tiene puestos masivos donde las personas pueden aplicarse la vacuna sin bajarse del auto para garantizar las medidas sanitarias. 



Tarde, pero seguro 



Cuando se les pregunta a los vecinos por qué no han acudido, algunos hablan de las dificultades para el trasporte. Relatan que deben caminar horas hasta donde toman un bus para luego llegar a ciudad Quesada.  



Y en algunas comunidades esos buses solo viajan uno por la mañana y otro por la tarde, por lo que la gestión les toma todo el día, además del gasto de recursos que eso implicaría, sobre todo cuando deben llevar a los niños con ellos para cuidarlos.  



Un taxi podría cobrarles 15 mil colones por viaje, un monto prohibitivo para muchas de las familias que viven del jornal.  



Este tipo de familias aceptan la vacuna y agradecen el acercamiento del equipo de salud a su propia casa para inmunizarlos. 



Pero los equipos de salud también han encontrado resistencias por falta de información. Algunas personas que dicen que decidieron “esperar a ver” qué pasaba con las vacunas, las que escucharon que la vacuna “enferma” o las que consideran que están reticentes porque en el pueblo han dicho que los efectos secundarios es en realidad que les da covid.  



Con cada vecino contactado los ataps aclaran las dudas, colocan la información correcta y confrontan los mitos con la realidad. Y tiene cómo hacerlo. En el mundo ya se han puesto 4 mil 800 millones de vacunas y existe suficiente evidencia científica para dar a conocer los resultados.   



También han encontrado resistentes, personas quienes afirman que “Dios protege y castiga” y sobre esa actitud rechazan la vacuna. Como la vacuna es voluntaria los ataps les hablan con todo respeto y les dan la información necesaria para que escuchen la versión científica de la historia y, más adelante, si lo quieren, puedan decidir a vacunarse.  



Los ataps saben que su trabajo es duro, pero nunca se quejan, sonríen en cada puesta porque conocen el bien que hacen en cada dosis. Les prometen volver para la segunda dosis y les piden que avisen a los vecinos que encuentren que hagan lo posible por vacunarse para que todos estén protegidos.  

 

 


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