Hospital de Turrialba contrató traductora cabécar para mejorar atención a población indígena

Un 62% de la población pediátrica egresada durante el primer trimestre de este año era Cabécar.

  • Ericka Herrera Segura pasó visita el viernes último por los diferentes salones del hospital William Allen de Turrialba y Alberto Obando tuvo, también ese día, una cita de seguimiento en la Clínica Oftalmológica y ahora dijo que puede ver.

Angustiados porque desconocen si los pacientes indígenas que atienden diariamente comprenden las indicaciones médicas, autoridades del hospital William Allen Taylor de Turrialba contrataron los servicios de una traductora que habla los dos idiomas: español y cabécar.

Se trata de una joven de 19 años quien se preparó como técnica para asistir a pacientes y que también es indígena; ella aprendió a hablar el español en un centro educativo de Grano de Oro del cantón de Turrialba  orientada por su padre, Edwin Herrera,  que la indujo a hablar y a escribir las dos lenguas.

Reside en una comunidad que se llama Sinoli a la que se llega por trillos entre las montañas de Chirripó y ella ahora se ha convertido en un puente de comunicación entre el personal del hospital y los pacientes indígenas.

Tiene casi un mes de estar trabajando en el hospital y su función vino a llenar un vacío que sentían médicos, enfermeras, farmacéuticos, microbiólogos y administrativos que laboran en el William Allen al no poderse comunicar con la población indígena que llega a ese establecimiento de salud en procura de atención.  El personal hospitalario ha ensayado de todo: señas, pictogramas y la señalización de todo el hospital en ambas lenguas para que esta población se oriente en el centro hospitalario.

La doctora María Eugenia Villalta Bonilla, directora de ese establecimiento de salud, dijo que la función que desempeña la traductora cabécar es fundamental porque ella pasa visita con los médicos y convierte el mensaje médico en una explicación sencilla para los indígenas y al mismo tiempo, ellos pueden expresar y manifestar sus dolencias sin ninguna barrera idiomática.

Esta idea surgió porque el personal del William Allen se encuentra todos los días frente a paciente que con quienes es muy difícil comunicarse lo que entorpece la relación médico-paciente y afecta considerablemente el proceso terapéutico.

Con la incorporación de Ericka Herrera Segura, como una intermediaria entre los pacientes indígenas y el personal hospitalario, se redujo la impotencia que sentían, toda vez que se trata de una población muy callada que contestan SÍ a todo y el personal no sabe a qué responde ese sí.

La misma Ericka reconoce que la población indígena es muy tímida, desconfiada y siente vergüenza de hablarle a los médicos.   Con ella los cabécares son más expresivos y manifiestan sus dolencias sin tapujos lo que está facilitando la atención y el abordaje terapéutico de la población cabécar que asiste a este hospital.

El viernes último Ericka estuvo en el servicio de pediatría y allí su congénere Claudia Bañez García, vecina de la comunidad de Barbilla en Chirripó, le comentó que estaba allí acompañando a su hijo quien fue intervenido quirúrgicamente y que estaba bien.  También explicó que para llegar al hospital tuvo que caminar a pie durante dos horas y atravesar el puente de tablas  sobre el río Shara.

Se estima que mensualmente, el servicio de Emergencia del William Allen atiende a 145 indígenas y en este primer trimestre del 2019, el 62% de la población pediátrica egresada del servicio de pediatría era cabécar con diversas dolencias, pero las más comunes son las infecciones respiratorias agudas.

Barrera idiomática

La situación es tan compleja que las estancias de la población indígena son más prolongadas que las del resto de la población, en virtud de que el personal hospitalario procura asumir el seguimiento y su control y no darles de alta porque no saben si cumplirán con las prescripciones médicas.  Incluso a estos pacientes no se les realiza ninguna cirugía en forma ambulatoria.

Recientemente tuvieron el caso de Alberto Obando, un joven indígena que llegó ciego al hospital, tras una lesión postraumática,:el paciente fue visto por los especialistas y se le dieron citas subsecuentes para su tratamiento, sin embargo, el paciente perdió las todas tanto en el William Allen como en el Calderón Guardia y en la Clínica Oftalmológica porque en su lugar llegó la madre y los médicos no sabían el por qué el paciente no asistía.

Tras la preocupación del personal hospitalario por la ausencia del paciente, Ericka intervino habló con ellos y se determinó que la madre no entendía por qué el paciente debía asistir a las citas si él no podía ver, después de esa conversación la situación se subsanó y el paciente fue referido el mes anterior a la Clínica Oftalmológica donde se le operó y su visión mejoró considerablemente; el viernes último, este paciente tuvo una consulta de seguimiento en esa clínica y fue transportado hasta allí por una ambulancia del William Allen.

La doctora Anabelle Somarribas, jefa del servicio de pediaría del William Allen, explicó que la función de la traductora ha sido vital para el entrenamiento de la población en diversas prácticas como es el caso del lavado de manos y el protocolo del estornudo.  A la traductora se le explicó ambas técnicas para que la enseñara a los pacientes y a los familiares con muy buenos resultados pues ahora la población indígena asumió esta práctica.

Como parte de los cambios hechos en el hospital, también se compraron sillones confortables para que las madres puedan permanecer con sus hijos mientras son internados.

Hoy lunes autoridades de ese hospital se reunirán con representantes de la Asociación Indígena de la zona, con la finalidad de conocer aún más la cosmovisión de esta población y analizar la posibilidad de otras enmiendas como la introducción del plátano en la alimentación que se les brinda en el hospital.   El plátano es uno de los alimentados más consumidos por esta población indígena y hay anuencia del hospital a evaluar con las profesionales en nutrición la introducción de esta verdura en el menú hospitalario.

También se piensa hacer en las instalaciones hospitalarias una especie de rancho, de acuerdo con la costumbre cabécar, donde ellos puedan permanecer y donde puedan ser orientados.


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