Perdí a mi hija, gané a mi nieto

El 17 de febrero de 2016, frente a todos los medios de comunicación del país, las autoridades del hospital Maximiliano Peralta de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) informaban que el niño Deylan Isaac había nacido, luego de 27 días de que médicos de este centro hospitalario cartaginés lograran que el niño continuara su desarrollo en el vientre de su madre fallecida.

¡No es para menos! Deylan es el decimotercer niño en el mundo que se reporta con éxito. Nació el 08 de febrero de 2016 a las 8:45 de la mañana tras una cesárea electiva, con un peso de 1.355 gramos y una talla de 39 centímetros.

“Nadie se espera una cosa de estas”, confesó Yolanda Calderón, abuela materna de Dylan, al contarnos sobre el momento tan ambivalente que vivió durante casi tres meses, entre el internamiento de su hija y el egreso de Deylan del hospital.

“Sus primeros dos embarazos fueron muy normales, comunes, tenía los achaques que toda mujer embarazada tiene; pero, el embarazo de Deylan fue diferente desde el inicio”, comentó Calderón, sentada en la sala de su casa en Paraíso de Cartago.

Y es que sin saber que estaba embarazada, Raquel empezó a tener vómitos y dolores de cabeza fuertes. Fue así como dos meses después, en la sala del servicio de ginecoobstetricia, ambas se dieron cuenta que una nueva vida venía al mundo.

Fue el 11 de enero de 2016 cuando todo cambió, pues luego de dos meses de tener vómitos fuertes y dolores de cabeza, Raquel convulsionó y fue ingresada al hospital Maximiliano Peralta. “A partir de la puerta de ginecoobstetricia, fueron ángeles, porque esa es la realidad, hasta la fecha”, confesó doña Yolanda.

El domingo anterior, a su padre Raquel le dijo que ella le regala su bebé, a modo de broma, su padre le dijo que él lo recibía con “tinta y papel”, sin imaginar jamás lo que iba a suceder días posteriores.

El 13 de enero de 2016, en una sala del hospital, a doña Yolanda, a su esposo y a sus hijos le comunicaron la noticia: Raquel había fallecido. “Yo me fui en carrera a la cama donde estaba ella, me le fue encima y le dije que por qué me había dejado, por qué me había dejado esa responsabilidad”. Pero había otra noticia, iban a preparar el cuerpo de Raquel para que Deylan pudiera desarrollarse dentro del vientre.

“Yo iba todos los días, le ponían crema al cuerpo de mi hija para que no se le hicieran llagas. Durante 27 días iba todos los días al hospital a ver a mi hija muerta”. Luego de 27 días, hicieron la cesárea electiva y Deylan nació. “Yo no lo iba a ver al monitoreo, fue muy duro para mí, porque Raquel era mi hija, tenía demasiados sentimientos encontrados”.

Pero doña Yolanda y su familia tuvieron que enfrentarse a muchas cosas luego de lo sucedió. Deylan duró un mes y medio en el hospital hasta que llegó a la condición para que el hospital le diera egreso; sin embargo, antes a doña Yolanda le informaron que no podían entregarle el niño porque el Patronato Nacional de la Infancia (PANI) pedía que ella fuera casada como requisito.

“Es como un balde agua fría. Yo tengo mi pareja desde hace 16 años, a quien Raquel vio como su papá siempre, pero a una mujer soltera no le entregan un niño”, recordó Calderón.

Una abogada, a quien esta paraiseña la define como un ángel, se encontraba cerca de doña Yolanda, se ofreció casarlos gratuitamente para que le entregaran a su nieto. Deylan fue adoptado por su abuelita.

Pero eso no fue todo, posteriormente, una pareja de San Carlos ofreció comprarles a Deylan. “Usted sabe, como si fuera una cosa que uno vende para quitárselo de encima. Yo le dije una vez que esto no era un perro que uno vendía, que es un pedacito de mí, porque además llamaba cada 22 días”. También, otra pareja de fuera del país se comunicó con ellos con el mismo objetivo.

Hoy doña Yolanda, ve hacia atrás el camino recorrido. “A mi hija la recuerdo todos los días, Deylan es físicamente igual a Raquel, se comporta igual, tienen los mismos gustos… Es ver a Raquel, pero versión hombre”.

También se debieron enfrentar a que mucha gente le decía al esposo de doña Yolanda que Deylan no era su nieto, porque él es únicamente el abuelo postizo.

Hoy, tres años después, esta familia de Llanos de Santa Lucía de Paraíso, se siente agradecida por la vida, buscan la forma de salir adelante por sus nietos. Deylan es un niño sano, que no ha tenido mayores problemas, crece como cualquier niño de acuerdo a su edad.

“La noche antes de que ella muriera yo le prometí que se los iba a mantener juntos, que se los iba a cuidar. Dios es muy grande, él es perfecto, él es bueno, por el milagro que hizo en la vida de nosotros”, puntualizó Calderón.

Hoy, esta madre de cuatro hijos asegura sentirse tranquila, no llora ya al recordar a su hija y a todo lo que han vivido en estos tres años.


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