Caja Costarricense de Seguro Social

Manual de Odontología

Adolescentes de 10 a 19 años de edad


La adolescencia constituye una etapa única en la vida, en una primera fase encontramos individuos que acaban de dejar de ser niños, otros con aspectos infantiles, pero que exigen que los demás los traten como adultos. De aquí radica en muchos casos el sentimiento de incomprensión que tiene el adolescente.


La misión de las personas responsables en la educación de los adolescentes, debe fomentar aquellas capacidades que más se desarrollan en esta etapa de la vida: el pensamiento abstracto, la aptitud creadora o el espíritu científico teniendo siempre presente que la  máxima preocupación del adolescente, se centra en desarrollar: su propia personalidad,  escala de valores,  pensamientos y creencias, así como  definir su sitio dentro de la sociedad al adquirir nuevas responsabilidades.


En esta búsqueda, los adolescentes requieren de un sostén adecuado para el desarrollo de su autoestima y autonomía. Son más inconformistas y críticos con respecto a los adultos,  que ejercen algún tipo de autoridad (padres, encargados y profesores) y buscan el refugio así como el consejo de compañeros y amigos de la misma edad, debido a que se pueden mostrar sin tapujos, expresar sus ideas y reafirmar la personalidad.


La adolescencia es un período de riesgo para la salud buco dental, en esta etapa los cambios hormonales relacionados con la pubertad sumados a una dieta inadecuada y hábitos de higiene deficientes los hacen más susceptibles a la instalación temprana enfermedades que pueden ser prevenidas como se ha visto hasta el momento con prácticas de auto cuidado y medidas de protección específica.


Durante la pubertad, se eleva en el nivel de las hormonas sexuales, como la progesterona y el estrógeno, que causan un aumento en la circulación sanguínea de las encías, provocando  una mayor sensibilidad y una reacción más fuerte a cualquier irritación, incluyendo las partículas o restos de comida y la placa bacteriana. Durante esta época, las encías pueden inflamarse, enrojecerse y sentirse doloridas. Toda encía que sangra espontáneamente o ante algún estímulo como lo es el cepillado dental, presenta gingivitis y debe ser tratada, si no se le da atención oportuna, puede progresar con el tiempo hacia formas más serias de enfermedad periodontal, por lo que no es conveniente que los  hábitos de higiene se pierdan rápidamente durante largos períodos.


Un factor agravante de los problemas gingivales que se presenta con mayor frecuencia en este grupo de edad, es por la utilización de aparatos removibles para tratamientos de ortopedia funcional u ortodoncia, porque facilitan la retención de restos de alimenticios y placa bacteriana por lo que la vigilancia y la correcta  higiene son imprescindibles para impedir la patología gingival.


Es importante insistir en el autocuidado y aunque se sabe que es la medida más fácil de poner en práctica, los adolescentes al atravesar una etapa de rebeldía característica, no se comprometen a realizar su ejecución diaria y sistemática, por lo que no se debe desistir en la motivación oportuna para la práctica de este buen hábito, además del uso del hilo dental como ya sabemos, también debe ser parte de la rutina diaria de higiene para la remoción de placa bacteriana en los espacios interdentales.


El control periódico y los programas preventivos son de importancia crítica en este etapa de la vida por la presencia en la cavidad bucal de piezas dentarias recién erupcionadas vulnerables; por lo tanto, se recomienda un control odontológico al menos una vez al año o cada seis meses en caso de ser posible. De acuerdo a la cronología de la erupción, en la adolescencia temprana, de los 10 a los 14 años se exfolian doce dientes primarios y los espacios son ocupados por los dientes permanentes que erupcionan; con la aparición del segundo molar permanente a los doce años, queda en esta etapa casi completada la dentición permanente. Los terceros molares erupcionan en la adolescencia tardía, generalmente a partir de los 18 años.


Las tensiones de la adolescencia motivan numerosas reacciones fisiológicas algunas de las cuales pueden ser la disfunción masticatoria como el bruxismo y los movimientos parafuncionales. La disfunción de la articulación cráneo- mandíbula puede estar relacionada con traumatismos o problemas del disco articular en donde los signos funcionales pueden ser chasquido, desviación o limitación en la apertura. El dolor relacionado con estos signos no es usual en la adolescencia y cuando existen es motivo de consulta.


Las fracturas dentarias por traumatismos en la cavidad bucal pueden afectar a cualquier persona pero son mas frecuentes en adolescentes debido a la constante actividad que los caracteriza por juegos bruscos, prácticas deportivas, peleas o accidentes.


Los dientes que se ven afectados generalmente con mayor frecuencia son los incisivos superiores en donde el tipo y extensión de la lesión depende del efecto producido, ya que otros tejidos duros así como los tejidos blandos del área bucodental pueden verse afectados;  la emergencia constituye para el lesionado y el grupo familiar una situación de angustia y ansiedad por lo que hay que estar preparado por si se presenta esta eventualidad. Las lesiones dentales traumáticas deben tratarse siempre con carácter de urgencia y es importante conocer que hacer en el momento de manera que las primeras acciones sean realizadas rápidamente mientras se llega a la a la sede del área de salud o EBAIS más cercano.


En el caso de que el diente se fracture o salga de la boca las personas que están cerca del accidente o el mismo adolescente deberán colocar el diente o pedazo de diente en un recipiente con leche o transportarlo en el surco inferior entre labio y  mucosa alveolar de la boca del lesionado si no hay peligro de que pueda ser tragado.
El uso de protectores bucales es una medida preventiva conveniente  en la práctica de deportes, ya que disminuye el efecto del impacto al distribuirlo en un mayor número de piezas dentales  previniendo este tipo de lesiones.


Además, se debe enfatizar acerca de los estilos de vida saludables como la manera en que las personas se comportan con respecto a la exposición a factores nocivos (alimentación inadecuada, sedentarismo, tabaco, alcohol entre otros) que representan riesgos para la salud; en este sentido es indispensable reforzar al adolescente en la importancia de ambientes libres de humo, con distanciamiento de sustancias nocivas (drogas), alimentación balanceada y actividad física como recreativas que respondan a  un estado óptimo de salud.